Diario de León : Cartones que salvan vidas

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30 Abr 2019

Cartones que salvan vidas

 

ANA GIL
30/04/2019

Si uno se para a pensarlo es realmente absurdo. No cabe en cabeza humana, es un sinsentido sin parangón. Imagínense recibir por su trabajo menos de lo que le cuesta a usted acudir a él, haciendo frente, por ejemplo, a los gastos de transporte y dietas. Es lo que les pasa a los ganaderos productores de leche. Y de esto León sabe mucho. Producir un litro de leche les sale más caro que lo que la industria les paga por ello. Y se trata,según el Gobierno, de un producto de primera necesidad.

Llevan una eternidad pidiendo precios dignos. Nada del otro mundo, simplemente números que les permitan igualar los costes de producción de una actividad que resulta a todas luces insostenible. Menos ya es imposible.

La demanda de lácteos no para de crecer y la industria busca constantemente cómo ofrecer productos novedosos y envases que atrapen al consumidor del primer vistazo. Pero mientras tanto la situación de los ganaderos no mejora. Les recuerdo hace ya años a las puertas de un conocido centro comercial tirando la leche a ‘calderadas’ porque preferían tirarla por el suelo que regalarla. Y poco ha cambiado el panorama desde entonces.

Pero el consumo no para de cambiar y eso ha hecho que haya llegado a España una iniciativa que puede arrojar algo de esperanza a este negro panorama. Se trata de una campaña que permite al consumidor elegir el precio de la leche que va a consumir y su calidad. Un proyecto que llega de Francia y que podría suponer un alivio para la maltrecha economía de los ganaderos productores de leche. Su nombre, C’est qui le patron (¿Quién es el patrón?) quiere acabar (o al menos atenuar) a la llamada venta a pérdidas, un fenómeno incromprensible en el que la leche es el mayor exponente. Pero claro, no es fácil luchar contra el márketing y contra los precios establecidos por una industria voraz. Y menos pararse a pensar qué hay detrás de lo que compramos, de dónde viene cada producto y qué recorrido tiene hasta que ha llegado a las estanterías.

Porque al consumidor no le cambian la vida un puñado de céntimos, pero al ganadero esa pequeña cantidad le encamina a una forma más digna de vender.

 

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