Diario HOY: “Rebelión en la Granja”

categoría Artículos
4 Ene 2020

Rebelión en la granja

Annaïck Locqueneux ha lanzado en España La Marca del Consumidor, con leche y huevos a precios pactados entre clientes y consumidores./R.C.
Annaïck Locqueneux ha lanzado en España La Marca del Consumidor, con leche y huevos a precios pactados entre clientes y consumidores. / R.C.

Nace la primera cooperativa que une a productores y clientes Copia el modelo francés que ha revolucionado el patrón de consumo

ANTONIO CORBILLÓN

Cada día echan el cerrojo dos granjas vacunas en España. De las 17.000 explotaciones lácteas registradas en 2015 acabamos el pasado año con menos de 13.000, según los datos del Fondo Español de Garantía Agraria (FEOGA). Sus gestores acumulan pérdidas de 25 millones de euros al mes. Y, sin embargo, la producción no ha dejado de crecer en los años más duros de la crisis. En 2017 superó por primera vez los 7 millones de litros.

En el país vecino, Francia, es aún más dramático. La tasa de suicidios de los ganaderos supera en un 30% a la del ciudadano medio, según la Agencia Francesa de Salud Pública. Las docenas de miles de ganaderías que empezaron el siglo XXI han sido barridas por las concentraciones y la política de cuotas. Hoy quedan menos de 12.000.

Dos años antes de que la crisis de los chalecos amarillos bloqueara el Arco del Triunfo en París, Nicolas Chabanne, un emprendedor de la Provenza, siempre a contracorriente, dio con la tecla que llevaba más de dos décadas buscando. Tres años después, los datos certifican que se puede abrir una vía de agua en la lógica aplastante del sistema y desafiar todas las reglas mercantiles que se enseñan en las escuelas de negocios.

«No es una obra de caridad, sino poner ojos y cara a los que nos alimentan» Annaïck Locqueneux | Promotora

Chabanne se había curtido antes con proyectos como una red de estaciones lavacoches solidaria, una marca de pequeños productores agrícolas (Le Petit Producer) y otro colectivo contra el despilfarro de la fruta con algún desperfecto (Les Geules Cassées).

A finales de 2016, y mientras se fajaba con los súper para que aceptaran manzanas y peras imperfectas, alguien le invitó a echar un vistazo a la situación de la leche. «Sus productores estaban desesperados, perdiendo dinero por cada litro vendido, los precios bajaban sin piedad por la presión de los grandes minoristas», resume Nicolas en su web.

Chabanne y su socio, Laurent Pasquier, hicieron una aritmética rápida: ocho céntimos de euro por litro era la diferencia entre un ganadero en quiebra y otro que se ganara la vida con dignidad. Y cada francés consume al año unos 50 litros de leche. Eso significa que, si los consumidores se gastan solo 4 euros más al año, el productor puede sobrevivir. «Estaba convencido de que la gente estaba preparada para eso», se juró este emprendedor.

Y acertó. Antes de que acabara el año creó la cooperativa C’est Qui le Patron? (¿quién es el patrón?). El nombre lo dice casi todo. Bajo esta marca logró que se unieran más de 7.500 cooperativistas que pagaron un euro cada uno por unirse. Entre todos, y gracias a encuestas en red junto a los consumidores, decidieron el precio y las condiciones de producción. Tres años y 125 millones de litros de leche después son la cuarta marca láctea de Francia y las grandes cadenas de supermercados se pegan por hacerles hueco en sus estanterías.

De todo un poco

Con el tiempo, los lácteos han dado paso a otros treinta productos básicos y frescos, desde miel a carne, harina, zumo de manzana, chocolate o sardinas. Hace unas semanas C’est Qui le Patron? presentó su balance trianual. Más de 150 millones de productos vendidos, 12.000 puntos de venta en Francia, 11,5 millones de compradores y más de 3.000 familias productoras beneficiadas.

La idea tiene reminiscencias del movimiento del comercio justo de hace veinte años, cuando las campañas del 0,7% (la parte del producto interior bruto que se reclamaba para cooperación con los países en vías de desarrollo) llenaron las plazas de tiendas de campaña.

A esta idea de redistribución de la riqueza norte-sur, Chabanne y su equipo le han dado un matiz que vale en todas partes. «La esencia de C’est Qui le Patron? es que los consumidores tomen el control de lo que hay en nuestros platos y apoyen a los productores», explica en la revista gala ‘L’ADN’.

La fórmula también ha llegado a España y ha madurado en menos de un año. Annaïck Locqueneux (Perpignan, Francia), residente en nuestro país desde hace 25 años, hizo la misma cuenta que Chabanne con la leche. Si en Francia se trataba de poner 4 euros, en España podía bastar con 3,5: cinco céntimos más por cada uno de los 70 litros que bebemos cada español. Aprovechó su experiencia en comercio de gran consumo y su hartazgo de «ir al súper y no entender el porqué de los precios y coger siempre lo más barato». Chocaba con su particular filosofía vital de que «el jefe de lo que comemos debemos ser nosotros mismos».

«Para nosotros, un céntimo arriba o abajo significa sobrevivir o no» Pedro Sánchez | Ganadero

La Marca del Consumidor España lanzó en marzo su primera encuesta digital. Más de 6.500 personas votaron qué precios debía costar la leche y cómo les gustaría que se gestionara. Entre todos reclamaron vacas bien tratadas, con alimentación basada en forraje y libre de aceite de palma y a menos de 150 kilómetros del lugar de procesamiento. «Y un pago al ganadero para que no perdiera dinero y pudiera vivir dignamente de su trabajo», recalca Locqueneux.

Encontraron en la cooperativa Leche Gaza (Zamora) una larga trayectoria sensible al nuevo modelo. En mayo empezaron a hablar y en octubre han llegado a las estanterías los primeros ‘bricks’. «Esto no es para vender leche, es una filosofía que cuadra con nuestros postulados: hay mucha gente dispuesta a pagar un poco más para recibir un producto de calidad hecho por ganaderos que cuidan los detalles», resume el gerente de Leche Gaza, Ignacio Quintanilla.

«Para nosotros, un céntimo arriba o abajo significa poder funcionar o no», remata Pedro Sánchez, uno de sus 17 ganaderos implicados. Quintanilla insiste en la necesidad de «buscar un precio justo para cada parte de la cadena de valor de la leche».

La misma fórmula se aplicó a los huevos a partir de julio. Hoy pueden encontrarse cajas de camperos criados en semilibertad en Consuegra, junto a los montes de Toledo, con plenas garantías animales y ambientales. Cada docena sale a 2,83 euros. Ambos productos se han ido colando progresivamente en las estanterías de la cadena Carrefour, la primera que ha apostado por ellos.

Nicolas Chabanne porta un cartón gigante de su marca de leche, que se ha convertido en una de las más demandadas en Francia. ::
Nicolas Chabanne porta un cartón gigante de su marca de leche, que se ha convertido en una de las más demandadas en Francia. :: / R.C.

Ni un euro en propaganda

Hoy, sus redes sociales se llenan de un creciente número de usuarios que envían imágenes de los distintos establecimientos del país a los que van llegando su leche y huevos. «Pedimos a los usuarios que, cuando no estén en las tiendas, los reclamen», insisten en La Marca del Consumidor. De momento, ya están en 300 lugares. En breve le llegará el turno al aceite del oliva, cuya encuesta supera los mil votos. Y en cartera, también las naranjas.

Tampoco en España han gastado ni un euro en comerciales, ni publicidad. Solo en filosofía para el consumidor. En sus cartones de leche se lee: ‘Este producto paga a su productor un precio justo’. «Lo que estamos haciendo no es una obra de caridad, sino poner cara y ojos a los que nos alimentan», reflexiona Annaïck. En su web (www.lamarcadelconsumidor.es) se presentan con un lema: «Es hora de que los consumidores, creemos los productos que queremos. Productos buenos, saludables y responsables».

Pero no es solo una aventura en Francia y España. Este ataque frontal a la pirámide de mando del capitalismo se ha exportado a otros ocho países. Bélgica (Wie is de Baas?, Gran Bretaña (The Consumer Brand), Estados Unidos (Eat’s My Choice), Alemania… hasta Marruecos ensaya los primeros avances cooperativos.

Cuando surgió todo «algunos se rieron de nosotros» -suele recordar Chabanne-. Pero menos de lo que habíamos imaginado. Una marca creada por aquellos que la iban a comprar era demasiado obvio». Empresas como Nestlé llaman cada poco a su sede. «Estamos presenciando un gran deslizamiento de tierra. Incluso los grandes grupos se sienten amenazados», dice este visionario.

Leche, huevos, aceite, naranjas… «¿Por qué no todo lo que llega al súper?», retan sus mentores.

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